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9 de octubre 202612 min

En Bali, el hotel se esconde en la selva

Una pileta que flota sobre un valle, un lobby al que se baja desde un estanque de lotos, carpas en la selva. En Bali, los hoteles más interesantes no se ven desde la ruta.

En Bali, el hotel se esconde en la selva
el valle del ayung

En Bali, los hoteles que importan no se ven desde la ruta. Se llega por un camino angosto entre arrozales, se cruza un portón de piedra tallada y recién ahí aparece el valle: la selva, el río abajo, los techos de paja asomando entre las palmeras. Muchos están construidos hacia abajo, siguiendo la pendiente, de modo que el hotel se descubre a medida que se baja.

Esa forma de esconderse tiene que ver con la isla. Bali es una isla hindú dentro de un país mayoritariamente musulmán, con templos en cada pueblo, ofrendas en cada puerta y un paisaje de terrazas de arroz que se riega con un sistema de canales que la UNESCO reconoció como patrimonio. Los hoteles que mejor entienden Bali son los que se dejan rodear por todo eso en lugar de taparlo.

Esta nota recorre cinco hoteles, cuatro en la zona de Ubud y uno sobre la bahía de Jimbaran, y propone cómo armar el viaje: cuándo ir, cuántas noches, cómo combinar la selva con la costa y qué habitación pedir en cada caso.

Primero, dónde: Ubud o la costa

Bali tiene dos viajes posibles, y el más completo es el que hace los dos.

Ubud está en el centro de la isla, entre colinas, ríos y terrazas de arroz. Es el Bali de los templos, los artesanos, la danza, los mercados y los retiros de bienestar. Los hoteles se reparten por los valles alrededor del pueblo, sobre todo a lo largo del río Ayung, el más largo de la isla. El clima es algo más fresco que en la costa, y las noches tienen el sonido de la selva.

La costa sur, con Jimbaran, Uluwatu, Nusa Dua y Seminyak, es el Bali del mar: playas, atardeceres sobre el océano Índico, beach clubs, surf y restaurantes de pescado. Jimbaran, sobre una bahía tranquila, queda muy cerca del aeropuerto.

Entre una zona y otra hay entre una hora y una hora y media de auto, según el tránsito. Lo que proponemos casi siempre es empezar en Ubud y terminar en la costa: la selva primero, con la energía del comienzo del viaje, y el mar al final, para descansar antes del vuelo largo de vuelta.

Alila Ubud: la pileta que flota sobre la selva

Esta pileta de Bali parece flotar sobre la selva. Está en Alila Ubud, un hotel colgado sobre el valle del río Ayung, en Payangan, un pueblo de colinas a unos cinco kilómetros del centro artístico de Ubud.

El hotel lo diseñó en 1996 Kerry Hill, el arquitecto australiano que después firmaría hoteles como Amanemu en Japón y The Ritz-Carlton Fari Islands en Maldivas. Es una de sus obras tempranas en la región, y ya tiene todo lo que lo hizo conocido: arquitectura baja, materiales locales, piedra volcánica, techos que siguen la tradición balinesa y una relación directa con el paisaje.

La pileta es la imagen del hotel. Es un cuadrado de unos veinticinco metros, revestido de un verde que se confunde con el valle, con el borde abierto hacia el vacío. Desde el agua no se ve el final de la pileta: se ve la selva, el río en el fondo de la quebrada y las colinas del otro lado.

Para quién es

Para quien busca un Ubud silencioso, un poco alejado del movimiento del pueblo. Para viajeros que valoran la arquitectura. Para parejas que quieren una estadía tranquila, de lectura, caminatas y spa. Conviene pedir una villa con vista al valle, que es la razón de ser del hotel.

Four Seasons Sayan: se entra por arriba

En este hotel de Bali se entra por un puente colgante que termina en un estanque de lotos. Four Seasons Resort Bali at Sayan abrió en 1998, sobre el valle del Ayung, con proyecto del estudio del arquitecto John Heah. Tiene sesenta unidades entre suites y villas.

La llegada es una escena en sí misma. Después de los portones de entrada, un puente de madera cruza por encima de las copas de los árboles y desemboca en un gran estanque elíptico con flores de loto, suspendido sobre la selva, con vista abierta en todas las direcciones. Desde ahí, una escalera baja al lobby. Recién entonces se entiende la forma del hotel: el resto del resort cae en cascada por la ladera hasta el río.

Los caminos internos atraviesan selva, arrozales y huertas, con tallas y motivos balineses. Hay pabellones de bambú dedicados al descanso y al bienestar, construidos con materiales de la isla. Y el hotel propone algo poco habitual: llegar en rafting por el Ayung y hacer el check-in desde el río.

Para quién es

Para una primera vez en Bali que quiere el Ubud de la selva con el servicio de un gran hotel. Para lunas de miel. Para familias, que encuentran más espacio y actividades que en hoteles más chicos. Las villas junto al río y las suites con vista al valle son las que mejor transmiten el lugar.

Capella Ubud: carpas en la selva

Hay un hotel en Bali hecho de carpas. Capella Ubud abrió en 2018 en Keliki, un pueblo al norte de Ubud, en plena selva, y lo diseñó Bill Bensley, el arquitecto y paisajista con base en Bangkok y Bali que firmó algunos de los hoteles más teatrales del sudeste asiático.

Son veintidós carpas y un lodge de dos dormitorios, repartidos en la pendiente entre los árboles. Cada carpa tiene su propia pileta, pisos de madera y puertas talladas, y una pileta de agua salada de unos treinta metros atraviesa el campamento. La estética remite a un campamento de expedición antiguo, con baúles, lámparas y objetos de viaje, llevado al extremo del detalle.

Que sean carpas no quiere decir que sean simples. Es uno de los hoteles más personalizados de la isla, con muy pocas unidades y un servicio que se arma alrededor de cada huésped.

Para quién es

Para quien busca algo que no se parece a otro hotel. Para parejas en luna de miel o aniversario que quieren intimidad absoluta. Para viajeros que ya conocen Bali y quieren una segunda experiencia distinta. No es para quien quiere caminar al centro de Ubud: está en un entorno rural, y esa es la idea. Por la pendiente y las escaleras, tampoco es la mejor opción para quien tiene dificultades de movilidad.

Mandapa, a Ritz-Carlton Reserve: la marca detrás de la marca

Ritz-Carlton tiene una marca más exclusiva que Ritz-Carlton. Se llama Reserve, reúne muy pocos hoteles en el mundo, y en Bali se llama Mandapa. Abrió en 2015 como el tercer hotel de la colección, entre arrozales y al lado del río Ayung.

Tiene sesenta unidades: treinta y cinco suites y veinticinco villas con pileta privada. Los balcones miran a las terrazas de arroz, y el hotel tiene su propio arrozal, donde los huéspedes pueden plantar, cosechar y entender cómo funciona el cultivo que dio forma al paisaje de la isla. Junto al río hay restaurantes y espacios de bienestar, y la llegada desciende por el valle hasta el agua.

La diferencia de Reserve frente a un Ritz-Carlton clásico está en la escala y en el servicio: menos habitaciones, un mayordomo asignado a cada huésped y experiencias armadas a medida dentro y fuera del hotel.

Para quién es

Para quien viaja con un estándar alto de servicio y quiere un hotel que resuelva todo. Para lunas de miel y celebraciones. Para viajeros que prefieren estar en el valle del Ayung pero con un hotel más chico que el Four Seasons. Las villas con pileta junto al río son la elección natural.

Four Seasons Jimbaran: un pueblo sobre la bahía

Este Four Seasons de Bali está construido como un pueblo balinés. Four Seasons Resort Bali at Jimbaran Bay abrió en 1993 sobre la ladera que baja a la bahía de Jimbaran, en el sur de la isla.

Tiene ciento cuarenta y siete villas con techos de paja, escalonadas sobre la colina y rodeadas de jardines tropicales. Cada villa es, en realidad, un pequeño conjunto de pabellones alrededor de un patio, con pileta propia, como las casas tradicionales balinesas, donde la vida familiar se reparte en construcciones separadas dentro de un mismo muro. Caminar por el hotel es caminar por las calles de un pueblo.

Abajo está la playa de Jimbaran, conocida por sus atardeceres y por los restaurantes de pescado a la parrilla sobre la arena. El restaurante principal del hotel, Sundara, toma justamente esa tradición de las parrillas de los pescadores del lugar.

Para quién es

Para el final del viaje, después de Ubud: es tranquilo, está muy cerca del aeropuerto y tiene el ritmo de un resort de playa. Para familias, por el espacio de las villas. Para parejas que quieren privacidad y mar. Conviene pedir una villa en la parte alta de la ladera, con vista a la bahía.

Las ofrendas de cada mañana

En Bali, cada mañana aparecen ofrendas en la puerta del hotel. Se llaman canang sari: canastitas hechas con hojas de palmera, con flores de colores, un poco de arroz y, a veces, una varita de incienso. Se ponen todos los días, en las entradas de las casas, en los templos, en los mostradores de los negocios, en los autos y en los escalones de los hoteles.

Son parte de la práctica cotidiana del hinduismo balinés: un gesto de agradecimiento y equilibrio que se repite cada día. Quien las prepara suele ser alguien del personal, temprano, antes de que empiece la jornada.

Para el viajero, hay dos gestos de respeto simples: no pisarlas y no moverlas. Y una recomendación: levantarse temprano al menos una mañana y mirar cómo se colocan. Es una de las escenas más reveladoras de la isla, y no está en ningún itinerario.

Cuándo ir a Bali

Bali tiene dos estaciones:

  • Estación seca, de abril a octubre: menos lluvia, menos humedad y cielos más despejados. Es la época más elegida, con temporada alta en julio y agosto.
  • Estación de lluvias, de noviembre a marzo: chaparrones fuertes, sobre todo a la tarde, y más humedad. La selva está en su verde más intenso y hay menos viajeros.

Para la mayoría de los viajes desde Argentina, abril, mayo, junio, septiembre y octubre son meses muy equilibrados: buen clima y algo menos de movimiento que julio y agosto.

Un dato para el calendario: una vez al año, entre marzo y abril según el calendario balinés, Bali celebra Nyepi, el día del silencio. Durante veinticuatro horas la isla se detiene, incluido el aeropuerto, y los huéspedes no pueden salir del hotel. Para algunos es una experiencia única; para otros, un día perdido. La fecha cambia cada año, así que conviene confirmarla al planear.

Cuántas noches y cómo combinar

  • Mínimo: siete noches en la isla. Con menos, el viaje desde Argentina pesa demasiado.
  • Ideal: diez noches, repartidas entre Ubud y la costa.
  • Reparto habitual: cuatro noches en Ubud y tres o cuatro en Jimbaran o Uluwatu.

Si el viaje es más largo, Bali se combina bien con otros destinos de Asia. Singapur funciona como escala de dos o tres noches. Las islas de Nusa Penida o Lombok, como extensión de mar. Y Bali también encaja como cierre de un viaje por el sudeste asiático, después de Tailandia o Vietnam.

Cómo se llega desde Argentina

No hay vuelos directos. Las rutas más habituales pasan por Medio Oriente, con escala en Doha o Dubái, o por Asia, con escala en ciudades como Singapur. El viaje total suele superar las treinta horas, por eso muchas veces conviene una noche de escala en el camino.

La diferencia horaria con Argentina es de once horas. Indonesia otorga a los argentinos visa a la llegada, que también se puede tramitar online antes del viaje, y Bali cobra una tasa turística aparte que se paga online o al llegar. Los requisitos cambian, así que conviene confirmarlos antes de viajar.

Qué habitación pedir

  • Alila Ubud: una villa con vista al valle del Ayung.
  • Four Seasons Sayan: una villa junto al río o una suite con vista a la selva.
  • Capella Ubud: cualquiera de las carpas, todas con pileta propia, o el lodge de dos dormitorios si viajan dos parejas o una familia.
  • Mandapa: una villa con pileta junto al río.
  • Four Seasons Jimbaran: una villa en la parte alta, con vista a la bahía.

Las categorías cambian con las renovaciones, así que conviene confirmarlas al reservar. En cómo elegir un hotel desarrollamos los criterios generales.

Preguntas frecuentes

¿Dónde conviene alojarse en Bali por primera vez?

Lo más completo es dividir la estadía: unas noches en Ubud, para la selva, los templos y los arrozales, y otras en la costa sur, como Jimbaran o Uluwatu, para el mar. Así se conocen las dos caras de la isla.

¿Cuántos días hacen falta para Bali?

Al menos siete noches, e idealmente diez. Con ese tiempo se puede repartir la estadía entre Ubud y la costa sin pasar el viaje en traslados.

¿Cuál es la mejor época para viajar a Bali?

La estación seca, de abril a octubre. Julio y agosto son los meses de más movimiento; abril, mayo, junio, septiembre y octubre tienen buen clima y algo menos de gente.

¿Qué es Ubud y por qué es tan elegido?

Es el centro cultural de Bali, en el interior de la isla, rodeado de selva, ríos y terrazas de arroz. Es la zona de los templos, los artesanos y los retiros de bienestar, y donde están varios de los hoteles más reconocidos de la isla.

¿Los argentinos necesitan visa para Bali?

Indonesia otorga a los argentinos visa a la llegada, que también se puede tramitar online antes de viajar. Bali suma una tasa turística aparte. Conviene confirmar los requisitos vigentes antes del viaje.

¿Qué son las ofrendas que aparecen en las puertas en Bali?

Se llaman canang sari: canastitas de hojas de palmera con flores, arroz e incienso, que se colocan todos los días como parte del hinduismo balinés. Lo correcto es no pisarlas ni moverlas.

Bali se arma mejor con tiempo y con el orden justo entre selva y mar. Si te está llamando, lo pensamos con vos.

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